🌾 El sentido de lo sagrado
Durante mucho tiempo, he guardado mi Virginidad como un tesoro silencioso, no por obligación, sino por convicción. Aunque hubo momentos en los que esa convicción tembló.
Vivimos en una sociedad que ha perdido el sentido de lo sagrado. Y a veces yo misma intentaba creer que la virginidad, ya no era valorada, que no importaba, que era una carga innecesaria.Pero en el fondo, algo dentro de mí gritaba lo contrario... En cuanto a la castidad no estaba muy segura de lo que significaba, la confundía con la virginidad.
La contradicción es evidente.
La misma sociedad que afirma que la virginidad no tiene valor y que la castidad no importa, es la que juzga con dureza a las mujeres que han tenido múltiples parejas. Nos dicen que no importa, pero luego nos quita el valor. Nos llama libres, pero nos etiqueta. Mientras tanto, al hombre no se le juzga. Su historia sexual no le resta dignidad. Pero a nosotras… sí. A veces, esos mismos hombres terminan diciendo que ellos no se casaran con una mujer promiscua.
🌺 Mi cuerpo, mi historia, mi redención
Durante mucho tiempo, he conservado mi virginidad a mis 23 años aun lo soy, mantenía presente la castidad, no permitir que tocaran mi cuerpo de manera inapropiada, sin embargo, llegué a permitir que tocaran mi cuerpo de formas que no honraban su valor, no porque no supiera que era sagrado, sino porque estaba buscando amor, pertenencia, consuelo… aunque fuera en lugares equivocados.
Hoy entiendo que la castidad no es solo una regla, es una forma de amar con integridad. Es decirle al cuerpo: “Te respeto porque eres templo.” Es decirle al alma: “Te guío porque eres luz.” Y es decirle a Dios: “Te entrego mi deseo, mi historia, mi redención.”
No me avergüenzo de mi proceso. Cada paso, incluso los que me dolieron, me enseñaron a volver al centro, a reconocer que mi cuerpo no es moneda ni mercancía, sino jardín que florece bajo la mirada de Dios.
Claro que me encontré en el momento preciso de perder mi Virginidad. Mi cuerpo estaba listo. Llegué a pensar que sería más grande que mi decisión de guardarme hasta el matrimonio. Y justo en ese instante, cuando parecía que todo me empujaba a ceder, una voz se alzaba en mi mente:
“tú no.”
Esa voz ... A veces la sentía como una restricción injusta. Me hacía sentir dividida. Pero aún así, decidí obedecerla. Me negaba a mí misma. No por represión, sino por fidelidad.
No por religión, sino por fidelidad a la voz que me guía desde dentro.
🌸 Hoy entiendo que la pureza no es solo física.
Es también emocional, espiritual, relacional.
Y que cada intento fallido puede ser una oportunidad para volver a elegir, volver a escuchar, volver a obedecer.
No desde la culpa, sino desde la gracia.
🌑 Hubo un tiempo en el que me gustaba la versión de mi misma :
Y aquí es donde todo se vuelve extraño. Porque aunque me dolía, aunque me sentía rota, esa decisión me recordaba que aún tenía valor. Que había algo en mí digno de ser protegido. Que aunque no entendiera del todo por qué, mi cuerpo no era para el consumo, sino para la gloria.
“Aunque llegué a odiarme, nunca dejé de proteger lo que Dios me había confiado. Y hoy entiendo que esa protección fue amor, aunque no lo supiera.”
🌿 El cuerpo como ofrenda
Con el tiempo entendí que mi cuerpo no me pertenece solo a mí. Le pertenece a Dios. Es templo, es morada, es ofrenda. Y por esa razón, me libré de muchos intentos, de muchas situaciones en las que quise ceder a los deseos de la carne. No porque no sintiera, sino porque decidí amar a Dios más que a mis impulsos.
💫 Castidad como libertad
Hoy, la castidad es una carga. Es una libertad. Es saber que no estoy atada a lo que el mundo espera de mí, sino a lo que Dios sueña para mí. Es vivir con propósito, con dignidad, con paz.
Y si tú estás leyendo esto, y has sentido esa lucha, esa tensión, esa voz que parece dura pero te llama a algo más alto… quiero decirte que no estás solo/a. La castidad no es una negación, es una afirmación:“Mi cuerpo tiene valor. Mi alma tiene propósito. Mi amor tiene dirección.”
🕊️ Versículos sobre guardar el cuerpo
- 1 Corintios 6:19–20
“¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.” - 1 Corintios 6:18
“Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo.” - 1 Corintios 6:13
“El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo.” - 1 Tesalonicenses 4:4
“Que cada uno sepa tener su propio cuerpo en santidad y honor.” - Salmo 139:13–14“Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!”
- Romanos 12:1
“Presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer.”
El versículo de 1 Corintios 6:18 tiene una fuerza especial, porque no solo advierte, sino que revela la profundidad espiritual del cuerpo como espacio sagrado.
“Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo.”
— 1 Corintios 6:18
El corazón del Evangelio. 💖
Guardar la castidad no es una bandera de superioridad, sino una expresión personal de obediencia y amor. Y reconocer que otras personas —aunque hayan tomado caminos distintos— siguen siendo profundamente amados por Dios, es reflejar la gracia que tú misma has recibido.
🌸 Castidad sin juicio
La castidad(Virginidad) no es una piedra que se lanza, es una flor que se cultiva. No se trata de señalar a quienes no la han guardado, sino de vivirla con humildad, sabiendo que cada alma tiene su proceso, sus heridas, sus batallas. Y que Dios no mide el valor por la historia, sino por el corazón que se vuelve a Él.
“Porque todos hemos pecado y estamos privados de la gloria de Dios, pero somos justificados gratuitamente por su gracia.” —Romanos 3:23–24
🕊️ Misericordia para todas
Es un mensaje que dice: “Yo he luchado, he caído en pensamientos, he sentido vergüenza… pero Dios me sostuvo.” Y ese mismo Dios sostiene a cada persona, sin importar su pasado, porque su amor no tiene condiciones, solo puertas abiertas.
“El Señor es compasivo y misericordioso, lento para la ira y grande en amor.” —Salmo 103:8
He aprendido a confiar en el tiempo de Dios, pero no sin lucha.
Una parte de mí estaba descontenta. No por haber guardado mi Virginidad , sino por lo que esa decisión me hacía sentir frente a los demás. Yo la había elegido por dignidad, por respeto a Dios, por convicción. Y sin embargo, veía cómo otros no la guardaban… y Dios los amaba igual.
Eso me provocaba un desacuerdo en mi interior.
¿Cómo es posible que yo me niegue, me sacrifique, me guarde… y ellos vivan sin esa carga, sin esa lucha, y aún así reciban el mismo amor?
Los demás podían, pero yo no.
Y esa frase se convirtió en un fuego interno. No por celos, sino por dolor. Porque sentía que mi obediencia no era recompensada, que mi sacrificio no era reconocido.
Pero con el tiempo, entendí algo que me cambió por dentro:
Dios no ama por méritos. Ama porque es Dios.
Su amor no se gana, se recibe. Y eso no hace mi castidad y Virginidad menos valiosa, sino más libre. Porque no la guardo para ser amada, sino porque ya soy amada.
Nunca habrá un mayor sacrificio que el de Jesús en la cruz del calvario por nuestros pecados.
No por obras, para que nadie se gloríe.” —Efesios 2:9
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.” —Romanos 5:5
Y así, esa llama que antes ardía con ira, ahora arde con propósito. No consume, no destruye. Ilumina.
Como una balanza invisible, donde el amor de Dios pesa más que cualquier mérito, más que cualquier sacrificio. Y en ese equilibrio divino, encuentro paz.
Mi blog es un espacio donde la castidad y Virginidad se habla con verdad, pero también con ternura. Donde no se condena, sino que se invita. Donde se dice:
“Si has caído, aún puedes levantarte. Si no lo has guardado, aún puedes consagrarte. Porque Dios no mira lo que perdiste, sino lo que estás dispuesta a entregar.”
🌾 En conclusión
La castidad es obediencia a Dios.
No es una medalla, ni una garantía de superioridad espiritual. Es una respuesta de amor, una forma de honrar el cuerpo como templo, y el alma como ofrenda.
Perderla no significa perder el favor de Dios.
Al contrario, Él nos ama tal y como somos —con nuestras heridas, nuestras decisiones, nuestras historias. Su amor no se retira cuando fallamos; se acerca más.
Sin embargo, esto no significa que debamos darle rienda suelta a nuestros deseos sexuales.
La libertad no es libertinaje.
La gracia no es permiso para ignorar la sabiduría.
Debemos ser sabios. Buscar una pareja que se alinee con la voluntad de Dios, que entienda el valor de la espera, el respeto mutuo, y el propósito eterno detrás del amor humano.
Porque el deseo, cuando se somete a la voluntad divina, se transforma en bendición. Por mi parte elijo las relaciones sexuales, después del matrimonio.
🌸 ¿Qué significa “Amada sin mérito”?
- Significa que aunque hayas luchado, caído, dudado o sentido ira, Dios no retiró Su amor.
- Significa que tu castidad(Virginidad) no te hace más digna, ni perderla te hace menos amada.
- Significa que la gracia de Dios no se negocia, se derrama.
- Significa que tu valor no depende de tu historia, sino de tu identidad como hija.
“No por obras, para que nadie se gloríe.” —Efesios 2:9
“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.” —Romanos 5:5
Así que “Amada sin mérito” no es una contradicción, sino una declaración de libertad.
Es decir: “Aunque no lo merezca, soy amada. Aunque no lo entienda, soy sostenida. Aunque no lo haya ganado, Dios me lo ha dado.”
La llama que no consume, una imagen que representa esa pasión contenida, esa obediencia ardiente que no destruye, sino ilumina.
Recuerda
Virginidad es una condición física:
la experiencia (o no) de haber tenido relaciones sexuales.
Es algo que puede perderse en un momento,
pero no define el valor eterno de una persona.
Castidad, en cambio, es una virtud espiritual:
una forma de vivir el amor, el deseo y el cuerpo con orden, respeto y propósito.
No depende del pasado, sino del presente y del corazón.
Una mujer puede no ser virgen y vivir en castidad.
Y una virgen puede no vivir castamente.
La castidad es elección, obediencia, libertad.
Es decirle al cuerpo: “Te honro porque eres templo.”
Es decirle al alma: “Te guío porque eres luz.”
Es decirle al mundo: “No me rijo por sus medidas, sino por la gracia que me habita.”

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